Hasta ahora, todo parece indicar que el Plan Chile Track 1, implementado por Estados Unidos para desestabilizar el gobierno encabezado por Nicolás Maduro, parece estar agotado o simplemente ha fracasado, pero no concluido, pues los actores de la conspiración están en su pleno apogeo.

Dicho plan ha consistido al igual como hicieran en el Chile de Salvador Allende, buscar por todos los medios asfixiar la economía venezolana y erosionar la unidad y cohesión de las fuerzas armadas venezolanas, en los intentos por encontrar un Pinochet para Venezuela, hasta el momento todo ha sido en vano, a pesar de los miles de dólares que ha invertido Estados Unidos a través de diversas fuentes, para terminar con el proceso de cambios que vive Venezuela y producir la caída del presidente Maduro, al costo de desatar un baños de sangre en el país caribeño.

Ahora el principal instigador y títere de la Casa Blanca, Luis Almagro, Secretario General de la OEA, en sus intentos por legitimar una “intervención militar” directa de los EE.UU. o vía países como Colombia y Brasil también se han constituido en un fracaso de la gestión conspirativa de Almagro y sus vasallos del Grupo de Lima.

Ello debido a que la mayor parte de los países latinoamericanos se han manifestado estar en desacuerdo con cualquier intervención militar o golpe de estado en Venezuela. Además, los principales países patrocinadores de la conspiración contra Venezuela, como Argentina, Brasil, Chile, Perú y Colombia, por diversas circunstancias tienen problemas en sus respectivos frentes internos o no están dispuesto ser cómplices del baño de muertes que buscan desatar los halcones de la Casa Blanca en Venezuela.

Al gobierno del bipolar y circense presidente de los Estados Unidos, a pesar de todos los esfuerzos desplegados hasta ahora, aún no ha logrado encontrar un dictador para Venezuela. Ello debido al efectivo papel de los servicios de inteligencia venezolanos, que han logrado ubicar y desbaratar los intentos de un golpe de estado, organizado por exmilitares en retiro y unos poco en servicio activo, que se encuentran detenidos e investigados, ante presuntas ramificaciones de la conspiración.

Esto no significa que los intentos por derrocar el gobierno de Nicolas Maduro hayan desaparecidos, así al menos lo ha expresado recientemente el ex jefe de la CIA y actual secretario de estado, Mike Pompeo, el que ha expresado para la cadena FOX News, que el gobierno de Trump, tomara una serie de acciones y presiones, que contribuyan a desestabilizar la democracia venezolana. Como dijera Luis Almagro, todas las cartas están echadas para poner fin a la revolución bolivariana.

Las diversas y últimas declaraciones de Pompeo y otros miembros del círculo más cercano de Trump vienen a ratificar abiertamente una vez, más lo intento desestabilizadores de la Casa Blanca con respecto a Venezuela, así lo confirman las declaraciones del propio presidente Trump, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, al expresar que “un golpe militar contra el Gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela podría triunfar “rápidamente” si las Fuerzas Armadas venezolanas se decidieran a organizarlo, y afirmó que él mantiene la opción militar sobre la mesa ante la crisis en ese país.

Posteriormente en su encuentro con el golpista presidente de Colombia, Iván Duque, el mandatario estadounidense agregó que el gobierno de Maduro podría ser derrotado muy rápidamente si los militares deciden hacer eso”, afirmo Trump en declaraciones ante periodistas durante su primera reunión con el presidente de Colombia, otro de los protagonistas de la conjura, junto a Mauricio Macri, Sebastián Piñera, Michel Temer y Martín Vizcarra del Perú.

Ahora todas las cartas y opciones conspirativas de los halcones de la Casa Blanca, del presidente Trump, de su títere Luis Almagro (OEA) del Grupo de Lima (Chile, Argentina, Colombia, Perú+-), pasan de una u otra manera por una salida violenta. De allí la importancia que reviste poder encontrar un Pinochet al interior de las fuerzas armadas venezolanas, lo que pasa además, por la erosión y quiebre de la unidad del alto mando militar del país caribeño, que ha cerrado filas junto al gobierno de Maduro, lo que, en el caso de Venezuela, podría conducir incluso a una “guerra civil”.

Las otras opciones siguen siendo las económicas y financieras, cuyo objetivo central es el quiebre total de la economía venezolana, cuyo punto central es seguir impulsando el desabastecimiento, escondiendo los productos alimenticios de primera necesidad, estimulando el mercado negro, la especulación de precios, el contrabando de alimentos y gasolina hacia Colombia, además de estimular y empujar a los venezolanos a abandonar el país, generando conflictos fronterizos entre Brasil y Colombia.

Otras alternativas del neofascismo estadounidense de Trump, es el magnicidio de Nicolas Maduro, de altos funcionarios de su gobierno, de los altos dirigentes del PSUV, para así quebrar la unidad, de quienes tiene la responsabilidad de conducir el destino de Venezuela. “Venezuela es un desastre. Eso hay que limpiarlo y hay que hacerse cargo de la gente”, ha asegurado Trump a la prensa, antes de iniciar una reunión en la Casa Blanca con el imputado económico, Sebastián Piñera, el mandatario que es el hazmerreír de los chilenos.

Ahora como el presidente Trump anda buscando desesperadamente un Pinochet para Venezuela, la presunta aparición de un personaje de este tipo, sería el establecimiento de un régimen militar y policial al mejor estilo de los aparatos represivos de la dictadura sangrienta de Pinochet, que dejaría como saldo la detención de los miembros del gobierno de Maduro, la persecución de los máximos dirigentes del PSUV y todas las fuerzas progresistas y de izquierda, incluidos los críticos y radicales de la izquierda venezolana, que le hacen el juego al golpismo. Un golpe de estado al estilo Pinochet significaría la apertura de “campos de concentración” y “centros de tortura”, la muerte y desaparición de personas y el exilio para miles de venezolanos. En otras palabras, todo aquello que está establecido en la Doctrina de la Seguridad Nacional de los Estados Unidos, para aquellos países, que no se sometan a los dictados imperiales de los genocidas de la CIA y Casa Blanca.

En este sentido cabe destacar que las grandes corporaciones estadounidense ligadas al negocio del petróleo, son los que también apuestan por un dictador como Pinochet, para luego proceder al saqueo de los recursos naturales de Venezuela. Recordemos que otros de los gestores de la intervención militar o golpe de estado en Venezuela, ha sido el ex secretario de Estado, Rex Tillerson, ligado íntimamente al negocio de los recursos energéticos y que fuera director ejecutivo de Exxon Mobil. Es más, reciénteme el diario estadounidense de New York Time, a través de uno de sus columnistas, ha sugerido que el gobierno de Trump, apunte con todos sus dardos, a todo lo que esté relacionado con el negocio del petróleo, pues al país caribeño hay que dejarlo seco, sin un solo dólar, para sus transacciones comerciales con el resto del mundo.

De allí que en el lenguaje agresivos de los ‘halcones’ de Washington y sus aliados más cercanos no se hable de otra cosa, que de intervención militar directa o encubierta, de magnicidio, de sanciones económicas, de guerra civil y de golpe de estado, encabezado por un dictador como Pinochet y que aún no logran encontrar o comprar dentro de las filas de los militares venezolanos.

Ya el propio presidente de EEUU, Donald Trump, en agosto de 2017 les dijo a sus asesores que preparasen un plan de contingencia para la intervención militar en el país sudamericano. Anteriormente ” en marzo de 2015, el entonces ex presidente de EEUU, Barack Obama, declaró que Venezuela era una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos y usó esa tipificación para justificar la imposición de sanciones económicas contra Caracas”.

Donald Trump recientemente en la asamblea de la ONU, ha solicitado el consenso y una correlación de fuerzas que avale el golpe militar o la intervención militar directa en Venezuela, en donde ha encontrado muy poco eco, más en una asamblea de la ONU, donde se aboga por multilateralismo, la distensión, la diplomacia, el derecho a la autodeterminación y la soberanía de las naciones, además de la negociación y la solución pacífica de los conflictos. Lo cierto, es que, a Trump, todo le ha salido mal en la asamblea general de la ONU del presente año.

De allí que, por el momento, Donald Trump y sus secuaces, aún no logran encontrar un dictador como Pinochet, además, la oposición al gobierno de Maduro se encuentra debilitada, dividida, con líderes que han perdido toda credibilidad y corrompida, peleándose los dólares que llegan de diversas fuentes para el derrocamiento de Maduro y el fin de la revolución bolivariana. Un golpe de estado en Venezuela que podría ser efímero y al estilo de la “Operación Cóndor”, el que generaría el repudio de la comunidad internacional y una amplia solidaridad de las fuerzas progresistas de la región y del mundo.

Eduardo_andrade_boneEduardo Andrade Bone
Comunicador Social
Analista Político
Corresponsal de Prensa
01/10/2018