NELSON LOMBANA SILVA 

El mejor síntoma de que el proceso democrático y revolucionario se viene desarrollando en la hermana república bolivariana de Venezuela con rotundo éxito y esperanza, es la reacción delirante y desesperada de Estados Unidos y los cipayos gobiernos del continente que siguen hincados de rodillas solamente recibiendo órdenes, caso de Iván Duque Márquez, presidente de Colombia.

Si el proceso dialéctico no estuviera interpretando el sentimiento popular de las muchedumbres venezolanas, los Estados Unidos estarían cruzados de brazos, admirando la gestión del presidente Nicolás Maduro Moros y su gabinete. Los medios hablarían maravillas y los capitalistas ampliarían constantemente sus alforjas.

La violenta, agresiva y desesperada reacción del imperialismo estadounidense, es señal inequívoca que esta república avanza por el camino correcto, no hay dudas. Hay que pensar lo contrario de lo que afirman los mass medios.

Cuando los medios de comunicación comenzaron a elogiar la Perestroika y la Glasnost en la entonces Unión Soviética, los más avezados politólogos comenzaron a sospechar de estas reformas. Un docente ibaguereño, leyendo la obra de M. Gorbachov, no dudó al decir: “Puro revisionismo, puro capitalismo”.

No hay dudas: El proceso revolucionario en la patria de Simón Bolívar, Simón Rodríguez, General José Antonio Anzoátegui y Hugo Rafael Chávez Frías, avanza y avanza contra viento y marea.

Los mismos libretos

Si bien el mundo ha evolucionado y sigue evolucionando permanentemente de acuerdo a las leyes objetivas, Estados Unidos emplea los mismos libretos de otrora con el infame propósito de frenar el tránsito del capitalismo al socialismo en este país sudamericano.

Emplea una vez más los planes más criminales y primitivos encaminados a frenar las ruedas de la historia. Serán esfuerzos estériles. Las manecillas del reloj siguen su curso. Nada se crea, nada se acaba, todo se transforma. El capitalismo derrotó el feudalismo, ahora el socialismo derrotará el capitalismo. Nada está quieto, todo está cambiando permanentemente y generalmente de lo inferior a lo superior, de lo simple a lo complejo.

Hagamos historia. ¿Qué no hizo y hace incluso, Estados Unidos contra Cuba? El bloqueo comercial, social y político, que ya supera los 60 años. El bloqueo naval con la pérfida intención de que no entrara ni alimentos, ni medicamentos al pueblo cubano, ni saliera de la isla, su principal producto, el azúcar. Pretendía y pretende rendir este pueblo heroico por hambre y sin medicamentos. ¿Es digna postura de la primera potencia capitalista del planeta? ¿Es correcta la actuación de la considerada “civilización occidental de pretender matar de física hambre a su contrincante porque no se somete pacientemente a sus dictámenes?

Lo mismo ocurrió en Chile durante el gobierno de la Unidad Popular, liderada por el presidente constitucional, Salvador Allende. El mismo brutal bloqueo económico. Llegó el momento en que no se encontraba un medicamento, ni siquiera un analgésico. Sin embargo, el pueblo resistió, lo mismo el gobierno democrático de Salvador Allende.

Ante esta firmeza, Estados Unidos optó por la directa invasión militar colocando como cabeza visible al inefable militarista, Augusto Pinochet Ugarte.

Lo mismo viene sucediendo en Venezuela. Estados Unidos ha intentado por todos los medios frenar el proceso revolucionario, ha inventado mil artilugios, los cuales han fracasado y han fracasado porque el proceso revolucionario no está pegado con babas, está cimentado en la conciencia del pueblo y el pueblo politizado y unido es invencible. No lo ataja nadie.

Venezuela no está sola. Los pueblos se levantaran y las piedras vomitarán fuego contra los aventureros golpistas que pretendan mancillar la soberanía nacional. Tendrá el respaldo de Rusia, China y otras potencias. Pero sobre todo, tendrá a su lado la verdad y la justeza de su política a favor del pueblo. Eso la hace invencible.

Hay que apoyar la iniciativa de profundizar la revolución bolivariana y latinoamericana. Avanzar. La victoria es nuestra, a la carga, diría Gaitán.