Por Socorro Gomes*

La supuesta “crisis de refugiados venezolanos” no es de refugiados ni es de los venezolanos.

Hace años que la desestabilización sistemática de Venezuela y los sucesivos intentos de golpe de estado para derrocar al comandante Hugo Chávez y después el presidente Nicolás Maduro busca detener el progreso de la Revolución Bolivariana en el país y la integración soberana y solidaria de la región.

Repetidamente, hemos denunciado esta ofensiva. Como parte de nuestras acciones solidarias con la Revolución Bolivariana, debemos aclarar más esta falacia sobre la situación de los migrantes venezolanos, más ese componente de la pesada campaña de desinformación movida por las oligarquías reaccionarias y conservadoras de América del Sur, aliadas fieles del imperialismo estadounidense, en su anhelo por dominar a la región.

Es un hecho que los problemas económicos y sociales de Venezuela son preocupantes. Son intensas las maniobras de desestabilización para inflamar los ánimos en el país. Esta estrategia consta de los manuales estadounidenses para derribar gobiernos que no se someten a su yugo, como ya abundantemente documentado.

El gobierno venezolano ha hecho esfuerzos para enfrentar las dificultades, incluso adoptando un plan de recuperación económica, pero las fuerzas opositoras ligadas al imperialismo siguen saboteando el país.

Es natural que haya mayor migración de venezolanos y venezolanas buscando alternativas para proveer su sustento. Colombia, Brasil y otros países fronterizos son, naturalmente, algunos de sus destinos, así como el origen de migrantes que se trasladan a Venezuela. Sin embargo, es necesario recordar algunos hechos. Primero: la migración es un creciente fenómeno mundial socioeconómico y, a veces, cultural.

Basta con acompañar los informes de las organizaciones internacionales competentes y una gran cantidad de estudios sobre el fenómeno para entenderlo. En segundo lugar: el caso de que tratamos es el de un intercambio histórico y un movimiento conocido entre países vecinos y culturalmente hermanados.

Como resaltaron diversas organizaciones regionales, a ejemplo del Comité Ecuatoriano de Solidaridad con los Pueblos – en su reciente carta de protesta al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) por tratar por refugiados a los migrantes venezolanos – y el Centro Brasileño de Solidaridad con los Pueblos y Lucha por la Paz (Cebrapaz) – en nota de repudio a episodios de violencia contra los inmigrantes en el norte de Brasil – la clasificación de los venezolanos como refugiados cumple un propósito político.

Un propósito similar al del pretexto de EE.UU de “intervenciones humanitarias” para intentar derribar gobiernos legítimos o invadir países en su ruta geoestratégica. Repetimos estadísticas destacadas por el Comité Ecuatoriano, que cita datos de la ONU, para enfatizar la tendencia generalizada de ascenso de la migración mundial: 14,1 millones de indios; 13,2 millones de mexicanos; 10,8 millones de rusos; 9,3 millones de chinos; 7,8 millones de bangladeses; 5,7 millones de paquistaníes; 5,6 millones de ucranianos; 5,5 millones de filipinos; 5,2 millones de británicos y 5,1 millones de afganos no viven en sus propios países por diversos motivos.

Como la tendencia es de aumento, pero muchos países todavía tienen políticas migratorias conservadoras, represivas y agresivas, a veces tratando la inmigración como amenaza securitária, la Organización Internacional de la Migración ha llamado a una mayor acción en la protección de los derechos humanos de los inmigrantes.

En el tratamiento de la situación de los migrantes venezolanos, algunas desinformaciones son instrumentales para difamar al gobierno del presidente Nicolás Maduro y justificar prácticas y políticas inaceptables en la recepción de esas personas. Por ejemplo, como destacó el Cebrapaz, de acuerdo con el Informe de las Naciones Unidas sobre Migración Internacional de 2017, había más brasileños viviendo en Venezuela que lo contrario en aquel año. Sin embargo, una de las falacias reproducidas por los medios más sensacionalistas es la idea de que hay una especie de “invasión” de las fronteras por personas que “huyen” de sus países debido a la persecución política o crisis humanitaria causada por el gobierno.

Tal falsedad reproduce una xenofobia selectiva, ya que la inmigración de europeos no recibe el mismo tratamiento, y el prejuicio ideológico. Según el Comité Nacional para los Refugiados (CONARE), órgano bajo la coordinación del Ministerio de Justicia, en julio de 2017 había 30 mil venezolanos viviendo en Brasil “en situaciones migratorias diversas”, incluso en situaciones irregulares; casi 18.000 pidieron estatuto de refugiado. De acuerdo con la ONU, más de 32.700 venezolanos en Brasil son solicitantes de asilo y otros 25 mil ya viven en el país regularmente, con permiso de trabajo o residencia. Muchas veces negar el estatuto de refugiado a las personas que lo requieren es política irresponsable en varios países cuyos gobiernos buscan eximirse del deber de proteger los derechos de personas que escapan de sus hogares por situaciones de conflicto y persecución, entre otras.

Por otro lado, fuerzas como el gobierno reaccionario e ilegítimo de Brasil y el gobierno de derecha de Colombia en su antagonismo virulento contra Venezuela y despreocupados con la coherencia y el rigor en el tratamiento de la realidad, pero fieles a la agenda crecientemente agresiva de las oligarquías locales y de los Estados Unidos, manipulan la situación de los migrantes.

En Brasil, la narrativa de recientes episodios de agresión contra inmigrantes venezolanos fue la de la “invasión de las fronteras” por personas que van a robar empleo (o incluso, en casos más extremos de desinformación y agresividad ideológicamente motivada, por “guerrilleros” que van a implantar la “dictadura bolivariana” en el país). En el primer caso, se trata más o menos del mismo pretexto de la extrema derecha en Europa y Estados Unidos para justificar sus políticas inhumanas de inmigración, un pretexto que ha suscitado campañas mundiales por el respeto y la promoción de los derechos humanos y la solidaridad entre los Estados los pueblos para una recepción justa de los inmigrantes, por no hablar de la sensibilización de las poblaciones hacia el potencial enriquecedor que la diversidad cultural traída en el intercambio con otras naciones proporciona.

Por eso, las fuerzas de paz, comprometidas con la solidaridad entre los pueblos, se esfuerzan por desvelar la narrativa que alimenta el antagonismo entre naciones vecinas y, en este caso, que sirve como otro instrumento en la campaña incansable contra el gobierno bolivariano de Venezuela, para justificar la continua ofensiva contra este gobierno.

Al tiempo en el que hacemos un llamado por una recepción digna y justa a los inmigrantes venezolanos en Brasil y en otros países de donde también salieron ciudadanos nacionales en emigración hacia Venezuela, hay que rechazar el uso de la situación de esas personas para una caracterización farsante sobre lo que ocurre en el país con el fin de crear un ambiente hostil al gobierno soberano de Venezuela, propiciando las condiciones para una intervención liderada por Estados Unidos.

*Socorro Gomes, presidenta del Consejo Mundial de la Paz, fue diputada federal por el estado brasileño Pará y secretaria de Justicia y Derechos Humanos en el estado.