Por Amy Goodman

En Colombia, el político de derecha Iván Duque ha asumido el cargo de nuevo presidente del país. Duque, quien fue designado a dedo por el expresidente de derecha Álvaro Uribe, ha prometido anular algunas partes clave del histórico acuerdo de paz firmado con los rebeldes de las FARC. La embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley, se reunió con Duque antes de su toma de posesión como presidente para discutir sobre las relaciones entre Estados Unidos y Colombia, y el apoyo de Estados Unidos a la guerra contras las drogas en Latinoamérica.

Duque se opone a la legalización de las drogas. Al mismo tiempo, por todo Colombia se realizaron manifestaciones en contra de la toma de posesión de Duque y en demanda del fin de la oleada de asesinatos de líderes a favor de los derechos humanos. Justo antes de la toma de posesión de Duque, hablé con Gustavo Petro, que resultó segundo en la contienda electoral de este año, logrando ocho millones de votos en su intento por convertirse en el primer presidente de izquierda de Colombia.

En la década de 1980, Petro estuvo en la cárcel y fue torturado por ser miembro del movimiento guerrillero M-19. Más tarde, pasó a encabezar los intentos en el Congreso de Colombia para investigar los vínculos entre los escuadrones de la muerte de los grupos paramilitares e importantes políticos colombianos.

Petro ha sido también alcalde de Bogotá y acaba de reincorporarse a su asiento de senador. Comencé preguntándole sobre los últimos acontecimientos ocurridos en Venezuela, el país vecino a Colombia. El sábado 4 de agosto, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, resultó ileso tras un aparente intento de asesinato en su contra, cuando varios drones cargados con explosivos fueron detonados sobre él mientras ofrecía un discurso televisado. Maduro culpó del ataque a la oposición de derecha y al Gobierno de Colombia. Le pregunté a Gustavo Petro sobre su opinión acerca de los ocurrido.

Por Democracy Now