Por: Cicerón Flórez Moya
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El senador Ernesto Macías le debe su curul al Centro “Democrático” y, por lo tanto, hace parte de su bancada. Ese partido fue de oposición al Gobierno que presidió durante dos períodos consecutivos, hasta el 7 de agosto, Juan Manuel Santos. Macías se ha dedicado a esa tarea política con obediencia puntual y está en su derecho. Sin embargo, el disentimiento no tenía por qué llevarlo a la agresión, como se propuso con el discurso pronunciado en el acto de posesión del presidente Iván Duque.

Lo dicho por Macías, con la investidura de presidente del Senado, fue una diatriba empalagosa, con lo cual pretendía descalificar toda la gestión de Gobierno de Santos. Mostró un inventario de desastres. No encontró ningún acto positivo y redujo la gestión del mandatario a una acumulación de desaciertos, pero sin aporte de prueba alguna en sustentación de su versión. Lo que dejó ver fue su acentuado prejuicio adobado de odio por el resentimiento que deja la lucha por el poder cuando el control lo tiene el contrario.

En esa relación negativa no cuenta para nada la ganancia que representa para Colombia el acuerdo con las Farc. Eso no importa y, por el contrario, la intención dañina es hacer trizas el hecho histórico de ponerle punto final a 50 años de violencia extrema.
Para el presidente del Senado es de poca monta sacar a los colombianos de la trampa del crimen que ha dejado tantas víctimas, con secuelas de muerte, ruina, desplazamiento, lisiados, desaparecidos, desplazados, violaciones. Tampoco le dice nada la posibilidad de introducir cambios en el país para hacerlo productivo y mejorar las condiciones de vida de quienes han vivido reducidos a la marginalidad. Ignora que el desmonte del conflicto armado es la paz para darle a la nación un rumbo viable y poner en macha programas que dejen atrás la pobreza y las estrecheces generadas por esa situación de limitaciones, que se volvió crónica.

Fue tan infortunada la diatriba de Macías -así se la hayan celebrado en privado sus copartidarios- que deslució la ceremonia de posesión del presidente Iván Duque.
Además, se puso en evidencia que uno es el tono del Presidente Duque, con su compromiso de unión para salir de la polarización y otro bien distinto el de los alfiles del Centro “Democrático”, que insisten en el revanchismo, en la confrontación, en la exclusión y en el sectarismo partidista.

La beligerancia de Macías puede darle réditos en su galería de obcecados partidarios de la agresión, pero no va a encontrar eco en la mayoritaria opinión nacional que busca una nación con mejores oportunidades para todos. Y por la vía de las ofensas, de los insultos, de la diatriba, no será posible. Mejor la serenidad de Duque que el arrebato del senador Macías, a quien le falta aprender a convivir. Le falta la savia de la democracia.

Puntada:

El presidente Iván Duque ha dicho y debe tomarse en cuenta: “Quiero gobernar a Colombia con valores y principios inquebrantables, superando las divisiones de izquierda y derecha, superando con el diálogo popular los sentimientos hirsutos que invitan a la fractura social, quiero gobernar a Colombia con el espíritu de contribuir, nunca de destruir”.

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