NELSON LOMBANA SILVA| PACOCOL.ORG

Tuve la oportunidad de ver y escuchar la intervención del senador de la república de izquierda, Iván Cepeda Castro, durante la réplica ante la andanada de imprecisiones y sandeces del Centro Democrático, especialmente de esa señora Paloma Valencia, sesión de la cámara de representantes realizada el primero de agosto.

Fue contundente, claro y preciso en su exposición; corajudo para decir en la propia cara de la mafia, no calumnias, ni especulaciones, sino sencillamente la verdad. Verdad que no tiene el pueblo y por lo tanto un sector sigue bajo el embrujo autoritario del señor de las sombras.

Si el pueblo tuviera la oportunidad de auscultar sin apasionamientos mezquinos la vida y obra de la familia Uribe Vélez, comprendería la preocupación que le asiste a 8 millones 34 mil colombianas y colombianos.

Esta familia contribuyó a la formación del paramilitarismo a través de la convivir. El mismo ex embajador de los Estados Unidos lo reconoció y lo dijo públicamente, lo mismo personalidades de otros países. Pablo Escobar Gaviria al parecer intervino para que fuera nombrado director de la aeronáutica civil el señor Álvaro Uribe Vélez, dando licencias a diestra y siniestra para construir pistas clandestinas a los narcotraficantes. Es responsable de múltiples masacres, promotor de miles y miles de asesinatos extrajudiciales (Falsos positivos).

Y a pesar de tener semejante prontuario, propio de un delincuente, nada tiene que ver con la de un ex presidente de la república, Paloma Valencia, con su lenguaje monótono y atropellado exigiéndole al senador Cepeda Castro que no trate a su jefe de delincuente.

En la medida que se va desarrollando la oposición bien argumentada y centrada en hechos probables, no especulativos y calumniosos, el velo se va corriendo y va quedando al desnudo la verdadera y dolorosa realidad de Colombia, totalmente tomada por la mafia. Vale decir que no es únicamente Uribe. Es la clase gobernante en su conjunto, que históricamente ha gobernado más con las patas que con la cabeza la república colombiana forjada, precisamente, por el pueblo armado de 1819, 7 de agosto, conducido por el general Simón Bolívar.

La batalla del 7 de agosto de 1819, selló la independencia de España, donde se destacó también el general José Antonio Anzoátegui y el niño Pedro Pascasio Martínez, quien dio la más grande manifestación de conciencia de clase y sentido de patriotismo, pues no se dejó seducir, ni sobornar, se mantuvo inmodificable en los principios de libertad y justicia.

Esta clase gobernante del 7 de agosto de 2018, es la antítesis a esa gesta que hoy nos enseña que sí podemos vencer al imperialismo norteamericano y a la burguesía corrupta, en lo que sería la segunda y definitiva independencia.

Y que ese proyecto no es utópico. Se viene construyendo desde la parte más distante y marginada del país y desde el parlamento colombiano con esta fortalecida y esclarecida oposición. Por fin se están uniendo la lucha parlamentaria y la lucha extra parlamentaria.

Una prueba de fuego la tendremos el 7 de agosto. Hay que salir masivamente a decirle con claridad al señor Iván Duque Márquez: Desmovilice el paramilitarismo, respete el acuerdo de la Habana, garantice el diálogo con el ELN, rompa con la corrupción, respete la madre naturaleza, la pacha mama y fortalezca la salud, la educación, la vivienda, el deporte y la soberanía nacional.

Debe ser una movilización organizada, pacífica y contundente, una manifestación multicolor, llena de colorido, ingenio y, sobre todo, repleta de conciencia social y de clase. El proceso avanza. Con el camarada Jaime Pardo Leal tuvimos 300 mil votos, con el maestro Carlos Gaviria Díaz, 2 millones 600 mil y ahora con Gustavo Francisco Petro Urrego, 8 millones 34 mil. Es más: Más criminal fue el imperio romano y finalmente fue derrotado. El futuro es nuestro, a la carga, diría Gaitán.