Para Nicaragua no existe ninguna otra salida que no sea el diálogo

LA VOZ DEL SANDINISMO

Moisés Absalón Pastora

La relación histórica entre Nicaragua y Estados Unidos no la podemos cambiar. Sus tropelías no las inventamos están ahí, escritas por la pluma de reputados talentos literarios que desde diferentes visiones concluyen en que nuestra tierra ha sido insolentemente mancillada por eso que nos hemos dado a llamar el “imperio norteamericano”.

El concepto moderno de imperialismo es la práctica de dominación llevada a cabo por naciones con mayor poder económico y potencial militar con el objetivo de ampliar sus influencias en naciones menos desarrolladas y esa política la hemos sufrido los nicaragüenses en carne propia y de igual manera otros pueblos en américa latina.

Los Estados Unidos nos quieren dar cátedra sobre el significado de la democracia y pero han sido los padres de una gran cantidad de dictaduras que en las décadas de los 60s, 70s y ochentas se entronizaron en América Latina para que el Águila Real saqueara las riquezas de pueblos que como los nuestros no levantan cabeza porque lo que un día les perteneció es ahora parte del tesoro norteamericano.

El imperio dice luchar por la democracia en Latinoamérica, pero quien puso a Anastasio Somoza, aquí, a Fulgencio Batista en Cuba, a Augusto Pinochet en Chile, a Jorge Videla en Argentina, a Alfredo Stroessner en Paraguay, a Hugo Banzer en Bolivia, a Francois Duvalier en Haití, a Alberto Fujimori en Perú, a Juan María Bordaberry en Uruguay, a Manuel Antonio Noriega en Panamá, y a Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana.

Cada uno de esos dictadores, egresados la gran mayoría de West Point o proyectados y pulidos por la Central de Inteligencia Americana, desangraron a sus pueblos como cómplices del saqueo del oro, madera y otros valiosos recursos que hicieron los Estados Unidos en cada uno de esos países como igual hicieron en Irak, en Libia y Egipto y como lo hacen hoy en Siria donde pusieron sus ojos en el petróleo.

En lo que a nosotros nos ha tocado venimos de ser gobernados por un norteamericano, William Walker, que se nos impuso como presidente, nos estableció la esclavitud y al sentirse combatido en el contexto de una guerra centroamericana antes de irse le pegó fuego a Granada.

Después de eso sacaron del poder al General José Santos Zelaya que encabezó la revolución liberal de 1893 y después vino Benjamín Zeledón, asesinado y arrastrado salvajemente por los marines y después Sandino ejecutado por el imperio a través de sus siervos nacionales tras haber firmado la paz y después los tres Somoza y después la revolución de 1979 y más tarde su descarada injerencia en los gobiernos de Violeta Barrios, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, hasta que llegamos al 2007, en el que ni modo, tuvo que replegarse porque era claro que las decisión de Nicaragua se empezaban a tomar aquí y no como antes en Washington.

Cuando Daniel Ortega retoma el poder en el 2007 su único interés, así lo decía, era la continuación de la revolución de 1979, pero en paz y aunque no pocos teníamos dudas lo cierto es que el país comenzó a cambiar y empezó a transformarse, y en ese salto gigante, a recomponer sus relaciones con Estados Unidos y en ese afán nos convertimos en el para drogas más efectivo de la región y nos convertimos en un muro de retención contra la migración hacia el norte y en la garantía de la seguridad y estabilidad que siempre demandó Centroamérica.

Tal vez por la historia entre el imperio y nuestro país las relaciones hasta el 18 de abril no eran las más óptimas, pero eran cordiales y respetuosas porque después de todo los mismos gringos, cuando sus actuales sirvientes nacionales llagaban a Washington a poner quejas, lo primero que le decían a los MRS y tutiquantis, es que aquí no había prisioneros políticos, ni manifestaciones multitudinarias, ni medios censurados, ni exiliados ni ninguna evidencia que negara la democracia y por el contrario, las encuestas favorecían ampliamente a los gobernantes y frente a esa realidad los malos hijos de Nicaragua no tenían más que volver con el rabo entre las piernas a resignarse a esperar siempre por la oportunidad de un nuevo ataque y fue entonces que se les ocurrió generar muertes y propiciar la violencia que empezó todo, ahora sí, con el descarado respaldo de sus amos imperiales.

Los Estados Unidos hoy actúan con saña y cinismo contra Nicaragua, de la misma manera que los malos hijos de este país levantan la mano para abofetear a la patria porque ambos, amos y sirvientes, han llegado a creer que ya la hicieron, que Ortega está por renunciar y que más cerca que nunca la extinción del sandinismo está a la mano.

El descaro imperial en nuestros asuntos internos tiene como centro de sus rabietas a cubanos-americanos que por el solo hecho de tener fija la idea de un Daniel Ortega vestido de verde olivo y ser este amigo de los Castro en Cuba y de Chávez y Maduro en Venezuela, no le perdonan haber llevado al progreso a Nicaragua desde una visión de izquierda incluyente que iba en la ruta de un socialismo democrático que mentes cavernícolas como las de Iliana Ros Letinen, Marcos Rubio o Lincoln Díaz Balar no podrían descifrar nunca porque su fascismo político no les da para eso.

Estados Unidos en la O.E.A, utilizando sus presiones imperiales, ha sumado el voto de países en el hemisferio para condenar al gobierno de Nicaragua por muertes que en realidad pagaron ellos para que sus sicarios en Nicaragua las ejecutaran con saña y con odio y no contentos con eso han aplicado la Ley Global Magnitsky; ya advierten que la Nica-Act sale en cuestión de días, que el embajador gringo en la Organización de Estados Americanos no descarta una intervención militar de su país contra el nuestro y que Marcos Rubio, uno de los más grande torpederos de la paz que tanto queremos augura aquí una guerra civil con miles y miles de muertos.

Y para colmo de los colmos se les ha ocurrido una ley, que independientemente que tengas residencia legal en Estados Unidos, un nica con ese estatus podría perderlo si directa o indirectamente apoya al gobierno de Nicaragua.

Para rematar ya anunciaron el desembolso de 1.5 millones de dólares para financiar dicen a la “democracia” nicaragüense, léase al terrorismo que tendrá recursos frescos para desencadenar otra vez lo que iniciaron trágicamente desde el 18 de abril pasado.

Pese a toda esa arrogante y prepotente actitud para Nicaragua no existe ninguna otra salida que no sea el diálogo y es a través de las propuestas de paz sobre las que tanto insistimos es que se irá, poco a poco, disolviendo cada locura que gravite alrededor de las nuevas agresiones norteamericanas.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.
mem

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