Por: Tony López R. La Habana, Cuba.

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales del domingo 1 de Julio, fue contundente e histórico, escuché atentamente el discurso antes miles de mexicanos en el Zócalo, donde recreó con precisión y maestría, propia de un experimentado estadista, su programa de Gobierno y su compromiso con los pobres. El líder de MORENA y JUNTO HAGAMOS HISTORIA, explicó muy claramente que trabajará para fortalecer el sector empresarial nacional y no depender de importaciones, así como que no habrá expropiaciones, ni tampoco una política impositiva, ni gasolinazo.

Fue un discurso moderado y conciliador, pero firme en temas muy sensibles como mantener relaciones con todos los países y pueblos del mundo y una política de no injerencia en asuntos internos de otros países y considera que las controversias entre países deben ser solucionada por la vía del diálogo, una política que vuelve a poner en el camino la histórica posición mexicana en política exterior de la unidad latinoamericana y de integración. Afirmó que desea mantener buenas relaciones con el gobierno de los Estados Unidos, en el marco de respeto y de beneficio mutuo.

Precisó que había que hacer profundas trasformaciones en el país pero de manera ordenada y pacífica, con prioridad en combatir la corrupción. Dedicó especial espacio a procurar una vida digna para todos los mexicanos y desarrollar una política de justicia social, reconociendo el papel y apoyo que debe darse a los olvidados pueblos originarios.

El desafío de López Obrador y su equipo de trabajo, con el apoyo de las fuerzas políticas y sociales será recuperar las empresas estratégicas, muchas de las cuales han sido privatizadas, una tarea que resultará imposible sin que se produzca una ruptura con la poderosa oligarquía criolla y sus socios extranjeros. La reactivación de las fuerzas productiva del país es otro de los grandes retos en lo que apunta a priorizar lo nacional y así sacudirse de la dependencia externa, pues Andrés Manuel López Obrador, es consciente de que México es un país, cuya riqueza bien administrada y sin tutores puede jugar un papel estratégico en nuestra región. Por último, en su discurso, reitero su compromiso con los pobres y dijo que él quería pasar a la historia como un buen Presidente.

Lo que no se puede pasar por alto y AMLO lo conoce al dedillo, es que México sufre una grave crisis de la seguridad ciudadana y a eso se refirió, cuando dijo “que la violencia solo puede ser eliminada, cuando sus pobladores puedan vivir dignamente de su trabajo y sus necesidades estén solucionadas”.

Existen otros males, como el narcotráfico, atribuidos a México y a otros países del sur, pero los máximo responsables de ese grave mal, lo tienen los países poderosos, incluido Estados Unidos y Europa, y sus principales bancos y el sistema financiero, que son los más beneficiados con el narcotráfico, por ser los ciudadanos de esos países los mayores consumidores de drogas. México, por su posición geográfica con fronteras con Estados Unidos, es víctima de esa violencia y del uso de su territorio para el ingreso de la droga.

La positiva repercusión que ha tenido la elección de López Obrador, en nuestra región ha sido muy importante y bienvenida, es como si fuera un detente a la ofensiva de la política estadounidense y la derecha latinoamericana, pues México históricamente siempre fue un estado que mantuvo independencia y solidaridad con los pueblos y sus líderes. Cuba nunca olvida la posición del Gobierno mexicano de no aceptar romper relaciones con Cuba y votó en solitario en contra de su expulsión de la desprestigiada OEA.

López Obrador tiene mucho que aportar a su pueblo y a nuestra región y debe preservarse, hay un largo trecho de aquí al 1 de diciembre, cuando debe asumir la presidencia. Su pueblo y los pueblos latinoamericanos esperan mucho de él.

(*) Periodista, politólogo y analista internacional.
La Habana 2 de julio del 2018.. 20.30 hrs.