Por Richard Ruíz Julién

Addis Abeba, 28 mar (PL) Las expectativas crecen hoy en Etiopía tras el nombramiento de Abiye Ahmed, de 42 años, como líder de la gobernante coalición Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (Eprdf).

Ahmed, quien fue elegido con más del 60 por ciento de los votos, es visto por la prensa y la opinión pública como ‘el nuevo primer ministro de la esperanza’, puesto que automáticamente recae en quien preside al Eprdf, según las reglas de la política interna.

La coalición gobernante lucha por contener los disturbios persistentes y violentos desde 2015, el mayor desafío para su administración desde 1991, de acuerdo con analistas.

Hailemariam Dessalegn presentó su renuncia el mes pasado como una apuesta para allanar el camino a las reformas.

Esa dimisión llegó después de huelgas y manifestaciones cerca de la capital que exigieron con éxito la liberación de los miembros de la oposición.

Pero las protestas antigubernamentales comenzaron hace casi tres años sobre los derechos a la tierra antes de ampliarse a manifestaciones sobre derechos políticos y humanos.

Así, el gobierno decretó dos veces el estado de emergencia; el más reciente fue después de la renuncia de Hailemariam, para contener los disturbios principalmente en la provincia de Oromiya, la región más poblada del país y, según los reportes, para proteger la constitución y el sistema federal.

En ese contexto, Ahmed enfrenta el desafío de implementar reformas democráticas que el gobierno ha prometido, declaró Solomon Yibra, un experto local en temas políticos.

También debe salvar las diferencias que han surgido dentro de la coalición gobernante, aseguró.

Dicha afirmación para algunos observadores tiene base en que cuando llegó al Parlamento el momento del voto para validar el segundo estado de emergencia después de la renuncia de Hailemariam, casi 90 legisladores se pronunciaron en contra del proyecto de ley a pesar de ser miembros de la misma coalición.

‘Se enfrenta a la tarea de ampliar el espacio político y llegar a la oposición. También tendrá que responder a las demandas populares ‘, señaló Asnake Kefale, profesor asistente de ciencias políticas en la Universidad de Addis Ababa.

En tanto, los especialistas apuntaron que el nombramiento de un oromo para la oficina política más poderosa del país podría aliviar las tensiones.

Los oromos (partido que preside Ahmed) constituyen el 34 por ciento de los 100 millones de habitantes de Etiopía, pero no ocupan el poder en la historia moderna del país.

Junto con el otro grupo étnico más grande, los Amharas, lideran las protestas callejeras contra el gobierno desde 2015.

De ahí que el líder oromo siempre fue visto como el favorito en la carrera para suceder al saliente jefe de Gobierno.

Los expertos le califican como un político astuto con impresionantes credenciales académicas y militares, franco y competente, con un estilo de liderazgo participativo.

Se cree que tiene un gran apoyo entre los jóvenes oromo y otros grupos étnicos.

Sin embargo, sus críticos dicen que, como miembro de la coalición gobernante, no ofrecerá gran parte del cambio exigido por los manifestantes.

mem/rrj