Los ecuatorianos asisten este domingo a una consulta popular que marcará la tendencia de la revolución ciudadana

Francis Zambrano Espinoza.- La izquierda latinoamericana celebró en febrero del año pasado el triunfo en Ecuador de Lenín Moreno, el candidato que prometía continuar con los preceptos de la revolución ciudadana (2007-2017) liderada por Rafael Correa.

Había certeza del fin de la cadena de derrotas o derrocamientos por parte de la derecha de los gobiernos progresistas -Manuel Zelaya, Honduras (2009); Fernando Lugo, Paraguay (2012); el kirchnerisno en Argentina (2015) y Dilma Rousseff, Brasil (2016).

Pero a los dos meses la sonrisa comenzó a desdibujarse cuando Moreno empezó a criticar el gobierno de su antecesor, al poner en duda su política económica y permitir la investigación bajo acusaciones de corrupción por el caso Odebrecht de su vicepresidente Jorge Glas, ficha de Correa.

Además el Mandatario, que llegó al poder de la mano del partido Alianza País (AP) fundado por Correa, desde el inicio de su gobierno comenzó a tender puentes con los sectores más recalcitrantemente opositores a Correa: los grandes medios de comunicación, los empresarios y los partidos tradicionales. Incluso, la semana pasada afirmó que podría acercarse a Estados Unidos y al Fondo Monetario Internacional, cuando Correa, quien defendió los preceptos del socialismo del siglo XXI, se alejó de estos poderes fácticos para darle fin a la “larga noche neoliberal” en su país.

¿Cómo fue que Moreno, vicepresidente de Correa entre los años 2007 y 2013, en tan poco tiempo pudo alejarse de los preceptos de su mentor y de la revolución ciudadana, al punto de que Correa tuvo que renunciar a AP, ahora en manos del actual Presidente?

Traición al pueblo. Así lo califica el analista político argentino Atilio Borón en un artículo publicado en Rebelión.

Borón afirma que Moreno “perpetró una estafa electoral”. Y agrega que “la fulminante y asombrosa mutación” de Moreno “está al servicio de un proyecto restaurador para el cual fue reclutado” por los factores tradicionales de poder y por Washington “para destruir definitivamente cualquier opción progresista o de izquierda en el país, y a Correa”.

El analista ecuatoriano Franklin Ramírez le declaró a la agencia Noticias de América Latina (Nodal) que Correa se había creado muchos enemigos por su estilo muy confrontacional y que Moreno, desde la campaña se había pronunciado más dialogante con distintos sectores. Pero, se pregunta: ¿podrá Moreno resistir los embates de la derecha y de las élites sin el correísmo?

Por su parte, el sociólogo y politólogo brasileño Emir Sader escribió para Página12 que con Moreno se da una “recomposición conservadora” y que se suponía que su llegada implicaría un estilo más moderado, “pero que no afectara el contenido de las políticas de la revolución ciudadana”.

Correa también enfrenta una investigación anticorrupción, para la cual la Contraloría conformó una comisión calificada por HispanTV como una cacería política integrada por anticorreístas.

Cuestionamientos

Correa critica las preguntas 2 y 3 del referéndum. La 2 prohíbe la reelección indefinida y la 3 busca reestructurar el Consejo de Participación Ciudadana (encargado de elegir las autoridades del país), dar por terminado el Consejo actual y nombrar uno provisorio.

Califica como golpe de Estado la consulta, pues no cuenta con el aval de la Corte Constitucional, sino que se convocó por decreto ejecutivo.

También rechaza que se quiera derogar la Ley de Plusvalía, que va contra la especulación privada. Moreno afirma que impide la inversión en el país.