Pedro Ibáñez.- Hay una fábula de dos ratoncitos que sin querer cayeron a un cuenco de leche, intentaron salir trepando pero el recipiente, alto y liso, lo hacía imposible. Extenuado por la tarea, uno de ellos pensó en dejarse morir, pero el otro lo tomó firme y con todas sus fuerzas intentó subir hasta que de tanto movimiento convirtió al líquido en mantequilla y ambos se salvaron.

La tenacidad de Nicolás Maduro es la de quien nunca va a desfallecer. Su capacidad de trabajo y solidaridad, nos abruma y energiza. La forma en que siguió luchando, luego de ese violento 2014, su braceo incansable contra la guerra económica de contrabando y acaparamiento, al que han sometido al país desde el 2015 -solo comparable con el Chile de Allende- y la forma en que avanza contra la permanente construcción de postverdades de la derecha radical, vigorizada con el triunfo del trumpismo en EEUU y Latinoamérica, y contra los permanentes ataques de la prensa reaccionaria mundial.

Pero lo que más inspira de su tenacidad, es que el Presidente ha decidido seguir nadando esta revolución, con los brazos de la modernización y paz social. Una modernización inspirada en el bienestar del pueblo, expresada en el Carnet de la Patria, que funciona como un Aleph del Estado para las personas, como su propia ventana donde puede mirar y entrar a ese lugar que es tan suyo como del Presidente.

La modernización del Estado que impulsa Maduro es un ejemplo para el mundo, porque se nutre de las más avanzadas tecnologías colocando al bienestar del pueblo como el sentido primero y último de su política.

Y no es cualquier paz social. Porque hay una que se nutre del monopolio de la violencia del Estado. La que propone Maduro, es una paz social que se basa en la democracia. Una paz política y social sostenida en el encuentro entre personas que piensan distinto, pero que pueden encontrarse en un espacio público y deliberar. Es la paz de la convivencia y de la deliberación la que promueve Maduro para esta nueva etapa bolivariana. El Presidente ha dado muestras que el suyo, es un nuevo comienzo.

Pedro Ibáñez | @pdroibanez