Antonio Elio Brailovsky

Queridos amigos: Como ustedes saben, las catástrofes naturales no existen. Los desastres ambientales son consecuencia de un orden social que los hace posibles. En numerosas oportunidades, su prevención fue bloqueada por sectores interesados, cuyo lucro privado fue infinitamente menor al daño social que sus conductas causaron.

Por eso el tema ambiental es un tema político, y lo es muy especialmente cuando asume una dimensión trágica. Echarle la culpa a Dios, al Diablo, a la fatalidad o a la naturaleza ha sido siempre una conducta de encubrimiento por parte de esos sectores.

La historia ambiental es una herramienta de prevención. Nos ayuda a comprender por que ocurrieron determinados sucesos y de que manera podemos ayudar a evitar su repetición. No es casual la ausencia de historia ambiental en los contenidos de educación ambiental de índole conformista, que ponen el acento en las responsabilidades individuales y esconden los procesos sociales.

Hoy quiero compartir con ustedes algunos textos de mi último libro, titulado “La guerra contra el Planeta”, que ha sido publicado por la editorial Capital Intelectual (asociada a Le Monde Diplomatique).

El libro analiza una serie de catástrofes ambientales ocurridas en distintos contextos históricos. El objeto de estos ejemplos es abrir la discusión sobre criterios de análisis de riesgo ambiental y de prevención en procesos y sucesos ambientales.

En esta entrega ustedes reciben:

· Una síntesis de los casos estudiados en mi libro “La guerra contra el Planeta”.

· La tapa del libro y el contacto con el editor para quienes tengan interés en adquirirlo o tener mas información sobre la obra.

· La imagen que acompaña esta entrega es una publicidad con que la empresa Union Carbide anunciaba en 1981 la instalación de su nueva fábrica de pesticidas en la India. El texto hablaba del aporte de la empresa al desarrollo de ese país. El aviso tenía un dibujo que mostraba, en primer plano, un campesino con turbante que araba la tierra con la ayuda de un buey. El hombre y el animal avanzaban trabajosamente, con las cabezas bajas. Del otro lado de un río, se alzaba una fábrica lustrosa, símbolo de la modernidad. Y lo que después se reveló como una premonición, al modo de las profecías al revés de algunos cuentos orientales: de la fábrica salía una mano gigantesca que sostenía un enorme tubo de ensayo, cuyo contenido volcaba sobre el campesino hindú. Esta mano formaba parte de la estrategia comunicacional de la empresa y alude a la mano de Dios pintada por Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina. Sólo que Miguel Ángel pintó a Dios a escala humana, mientras que Carbide se pintó a sí misma en la que suponemos es la escala de Dios.

Un gran abrazo a todos.

Antonio Elio Brailovsky