alonso-ojeda-awadALONSO OJEDA AWAD

Las generaciones futuras pronunciaran con respeto y veneración su nombre. Serán conscientes  que la lucha librada allí, a comienzos del siglo XXI, por una población fundamentalmente campesina, sin recursos económicos, solo con la profunda convicción de que jamás el oro podría alimentar a sus descendientes, fue capaz de derrotar a las agresivas transnacionales mineras, de la muerte y el engaño, y enviar un mensaje vital al mundo: “No lo olvidéis nunca. Somos agua y no existirá el oro, ni el moro que pueda comprar nuestras conciencias”.

Quizás, muy pocas veces un pequeño municipio de la inmensa geografía colombiana tuvo sobre sus hombros la delicada responsabilidad de definir una política que favoreciera o que dañara, para siempre el alma campesina, buena y generosa, de la patria.  Cajamarca votó en la consulta popular con profunda madurez y seriedad. El 97.92 % de los votantes lo hicieron por el No.  No!!! A la explotación  de oro en el proyecto  de La Colosa que envenenaría todos los afluentes que nacen en esa parte vital de la cordillera Central y llevaría las aguas envenenadas al rio Grande de La Magdalena, arteria fluvial de Colombia y  de donde sus millones de habitantes toman el agua para sus acueductos, para sus cultivos de pancoger y para alimentarse  con sus peces. De no haber procedido así, con esa profunda convicción de su responsabilidad social y ecológica, hoy estaríamos ad portas de una verdadera tragedia  nacional.

La empresa multinacional AngloGold que lleva más de diez años explorando en el proyecto de La Colosa para extraer la escalofriante cantidad de 28 millones de onzas de oro, ha recibido de esta valiente y decidida comunidad de Cajamarca la orden tajante  de no permitir bajo ningún circunstancia que sus tierras  generosas  sean violadas y ultrajadas en la explotación de este vil metal  conocido “como el estiércol del diablo”.   Ya no podrán perforar e intervenir los nacederos de los ríos Bermellón,  Anaime y Toche,  juntos descienden de esas alturas cordilleranas, llenando de vida y verdor las tierras que riegan,  conforman más abajo el río Coello que  entrega sus aguas cantarinas al rio Magdalena.

Pero el mensaje no fue solo para la empresa multinacional AngloGold, fue para toda la nación colombiana, para todos los municipios seriamente amenazados por este nuevo jinete del Apocalipsis que quiere convertir estas feraces tierras cafeteras en verdaderos eriales y desiertos como ya lo hicieron en el continente africano,  fue para todo el país,  no se puede permitir y no estarán autorizadas estas locomotoras de la muerte para convertir nuestras tierras y fuentes hídricas en pastos de desolación, hambre y desesperación. Los campesinos y pobladores fueron muy claros cuando votaron por el NO,  dijeron: “Lo hacemos así porque el agua  es fuente de vida, mientras que el oro es vanidad y solo le  traerá problemas a nuestras tierras”.

El mensaje también fue para el mundo. Si Dios nos concedió una tierra buena y generosa que nos alimenta desde la noche del nacimiento de los tiempos, porque vamos a entregarla de esta manera tan impía, para que violen sus entrañas y le arrebaten sus hermosos atributos. Pues  no, Estas tierras labrantías continuaran siendo de los agricultores para que siembren y hagan crecer sus productos alimenticios que luego llegaran a las plazas de mercado de pueblos y ciudades para alimentar a su gente, como lo han hecho desde siempre, desde antes del desembarco de   la  codicia europea por el oro, que  tanto  daño  nos ha  hecho en América y en planeta  completo.

Es válido recordar en estos tiempos duros contra la tierra, algunos apartes de la famosa carta del jefe Seattle de la tribu piel roja Suwamish al presidente los Estados Unidos en el año de 1855, a raíz del ofrecimiento de compra de las tierras a los Sioux.  Estas son parte de sus proféticas palabras:

“La tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos, no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados…El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados… Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed…Los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán  dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano…La tierra es preciosa,  despreciarla es despreciar a su Creador. Los blancos también pasaran; tal vez más rápido que todas las tribus…Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos…”.

Con seguridad el espíritu del jefe  Pielroja Seattle estará diciendo: Gracias Cajamarca.

Ex. Embajador de Colombia en Europa
Vice. Presidente del Comité Permanente de Defensa de los DD.HH.  (CPDH).
Marzo 31 de 2017.