Por Nestor Marin, enviado especial

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Rafael Correa

Quito, 18 feb (PL) Amado por muchos, odiado por otros, pero sin dejar a nadie indiferente, el presidente Rafael Correa podría ser un factor catalizador entre los votantes indecisos, aún sin buscar la reelección en los comicios de mañana.

Ganador de tres elecciones consecutivas desde 2006, el economista nacido en Guayaquil 53 años atrás decidió alejarse del poder, a pesar de que una enmienda constitucional aprobada por la Asamblea Nacional en 2015 le hubiese permitido aspirar a esa posibilidad.

El propio Correa, sin embargo, fue quien impulsó la adopción de una transitoria que difiere hasta 2022 la postulación indefinida de los cargos de elección popular.

Promotor del socialismo del siglo XXI, el mandatario goza de altos niveles de popularidad entre sus compatriotas, no solo por su carisma y franqueza, sino por los innegables avances en materia de desarrollo, equidad, reducción de pobreza y justicia social logrados por Ecuador en la última década.

Según analistas, esa popularidad y su capacidad para no dejar indiferente a nadie, es lo que hace que muchos indecisos se debatan entre votar mañana por la continuidad de la Revolución Ciudadana, que seguiría de la mano del candidato oficialista Lenín Moreno, o por un giro a la derecha personificado por el exbanquero Guillermo Lasso o la exasambleísta Cynthia Viteri, los dos con más posibilidades entre los restantes siete contendientes por la silla presidencial.

El bando anti-Correísta acusa al mandatario de autoritario y de enemigo de la libertad de expresión, sobre todo por la manera de emplazar públicamente a los críticos de su modelo de gobierno, y en el último tramo de la campaña electoral también intentaron sacar provecho a los casos de corrupción detectados dentro del aparato estatal.

Muchos consideran, sin embargo, que más allá de la continuidad o no de la Revolución Ciudadana, lo que estará en juego mañana en Ecuador es la confirmación o no del fin del ciclo de la izquierda en América Latina, un proceso que habría comenzado el año pasado con la derrota electoral de Cristina Fernández en Argentina y la destitución de Dilma Rousseff, en Brasil.

Un triunfo de la fórmula Lenín Moreno-Jorge Glas, derrotando a la poderosa derecha ecuatoriana apoyada a través de mil tentáculos por el imperio, sería la alentadora expresión de lo primero, aseguró el politólogo argentino Atilio Borón.

Para Borón, una derrota podría ser el ‘canto del cisne’ del ciclo progresista y de izquierda, y la antesala de un salvaje retroceso económico, con profundas repercusiones también en el plano internacional.

Además del presidente y vicepresidente, los 12 millones 800 mil ecuatorianos con derecho al voto están convocados a elegir mañana a los 137 miembros de la Asamblea Nacional y a los cinco representantes del país ante el Parlamento Andino.

Como parte del proceso electoral también se les consultará a los votantes sobre la conveniencia o no de que los funcionarios elegidos en las urnas tengan sus fortunas depositadas en los llamados paraísos fiscales.

Para validar la legitimidad de los comicios generales, el Consejo Nacional Electoral invitó a observadores de la Unión de Naciones Suramericanas, la Organización de Estados Americanos y la Unión Interamericana de Organismos Electorales, además de varios expertos independientes.

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