Por: Gustavo Gallón

francisco-uribe-noguera-urutia-21El cadáver de Yuliana Samboní fue encontrado oculto debajo del jacuzzi del apartamento de su verdugo, un arquitecto de estrato alto.

Quizás ese ocultamiento ayude a entender el caldo de cultivo y algunos de los hábitos que hacen posible la realización de conductas aberrantes como esta en nuestro país.

El abogado hermano del arquitecto creó, hace unos años, 27 empresas y con cada una adquirió una unidad agrícola familiar en baldíos. Mediante aparentes compras a campesinos (los únicos que pueden ser adjudicatarios de baldíos), burló la ley agraria. Para ocultar que el comprador era Riopaila, había cedido las 27 empresas a una sociedad en Luxemburgo, donde puede mantenerse en secreto la identidad de sus dueños. Es decir, trató de esconderlas debajo del jacuzzi.

En ambos casos la maniobra resultó fallida. Pero son maniobras que, en determinadas condiciones, tienen éxito porque responden a una poderosa mentalidad de transgresión. Lo que hay que preguntarse, entonces, es cuáles son las condiciones que engendran dicha mentalidad y que permiten su triunfo eventual. Vislumbro dos, íntimamente relacionadas entre sí:

El caldo de cultivo puede encontrarse en la existencia de una suerte de “situación estamental” en la que nacen, crecen y se reproducen algunos sectores de élite en Colombia. Gozan, en consecuencia, de privilegios en la “consideración social”, como diría Max Weber, fundada en el modo de vida, en su educación y doctrina y en su “prestigio hereditario o profesional”. Esa situación estamental se expresa, entre otros aspectos, en “la apropiación monopolista de probabilidades adquisitivas privilegiadas, o estigmatización de determinados modos de adquirir” (Economía y sociedad, tomo I, FCE, 1969, p. 245). Qué importancia pueden tener para estos individuos una niña desplazada o unos campesinos de la Orinoquia. A sus ojos, tal vez carezcan de derechos, pues no hacen parte de su estamento.

Las posibilidades de triunfo de esta mentalidad transgresora están relacionadas con la conexión que exista entre la situación estamental y los centros efectivos de poder. Las 27 sociedades mencionadas se idearon en una de las principales oficinas de abogados del país, cuyo director fue nombrado embajador en Washington. Aunque tuvo que renunciar, el Gobierno terminó promoviendo como ley una iniciativa suya para que compañías como Riopaila puedan adquirir baldíos.

Esa conexión puede asumir diversas formas. Otto Bula, capturado por haber recibido supuestamente US$4,6 millones de Odebrecht, fue suplente en el Senado de Mario Uribe, condenado por paramilitarismo y escudero del presidente de turno. Los perpetradores de “falsos positivos” actuaban estimulados por una directiva del Ministerio de Defensa.

La discriminación social inherente a esta situación estamental y a su mentalidad transgresora genera vasos comunicantes entre la corrupción y la violación de derechos humanos, que deben enfrentarse simultáneamente. El punto 5.2 del Acuerdo de Paz reitera el compromiso de hacer efectivos los derechos previstos en la Constitución y en los tratados internacionales y desarrollar para ello, entre otras medidas, un Plan Nacional de Derechos Humanos. Urge implementarlo, no sea que lo vayan a esconder también debajo de un jacuzzi.

* Director de la Comisión Colombiana de Juristas (www.coljuristas.org).