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“Dedico, igualmente, este premio a los héroes de las Fuerzas Armadas de Colombia. Ellos nunca han dejado de proteger al pueblo colombiano”: Santos en el ayuntamiento de Oslo. Foto: AFP

El presidente aceptó en nombre de las víctimas el premio que ayudó a rescatar el acuerdo con las FARC. Exaltó el proceso colombiano una culminación de anteriores esfuerzos de paz en el mundo.

“He sido líder en tiempos de guerra y he sido líder para hacer la paz”, proclamó este sábado al recibir el premio Nobel de Paz el presidente Juan Manuel Santos, quien como ministro de Defensa de Álvaro Uribe golpeó sin cuartel a las FARC y como gobernante firmó la paz con esa guerrilla.

“Es insensato pensar que el fin de los conflictos sea el exterminio de la contraparte”, dijo al mandatario al recordar que su dilatada experiencia en diferentes cargos de servicio público le ha enseñado que es mucho más difícil hacer la paz que hacer la guerra. “La victoria final por las armas –cuando existen alternativas no violentas– no es otra cosa que la derrota del espíritu humano”.

En su discurso, Santos exaltó la negociación colombiana como una suerte de culminación, de síntesis, de los anteriores procesos de paz en el mundo, posible gracias a la participación y la experiencia de muchos ganadores del Nobel en ediciones anteriores.

“Los esfuerzos de paz en el Medio Oriente, en Centroamérica, en Sudáfrica, en Irlanda del Norte, cuyos artífices han recibido este galardón, nos mostraron el camino para avanzar en un proceso a la medida de Colombia”, subrayó.

Mencionó el legado de Jody Williams para prohibir las minas antipersonal, así como el respaldo de la Unión Europea y el presidente estadounidense Barack Obama, laureados en ediciones recientes. También mencionó a Malala para enfatizar la importancia de la educación, y al exvicepresidente de Estados Unidos Al Gore para referirse a los esfuerzos por proteger el planeta y los dividendos ambientales que traerá la paz en Colombia.

“Hay que estar dispuestos a tomar decisiones difíciles, audaces, muchas veces impopulares, para lograr el objetivo final de la paz”, aseguró el mandatario. “El acuerdo de paz en Colombia es un rayo de esperanza en un mundo afectado por muchos conflictos y demasiada intolerancia”.

También sorprendió al aprovechar la ocasión para urgir ante una audiencia global a “replantear la guerra mundial contra las drogas”, un punto que ya ha defendido en diversos foros internacionales, ante la evidencia de que “no se ha ganado ni se está ganando”.

Santos recibió el Nobel en nombre de más de 8 millones de víctimas y desplazados por el conflicto armado en Colombia, y en la ceremonia lo acompañó un grupo que incluía a Ingrid Betancourt, quien pasó seis años secuestrada por las FARC, y Leyner Palacios, quien perdió 32 familiares en la masacre en la iglesia de Bojayá, donde murieron cerca de 80 personas.

“Las FARC han pedido perdón por este hecho atroz, y Leyner, que ahora es un líder comunitario, los ha perdonado”, dijo el mandatario. Palacios se puso de pie para recibir un aplauso de los presentes en la ceremonia.

 El presidente también exaltó la voluntad de paz tanto de los negociadores del Gobierno como de las FARC, y dedicó el premio a las Fuerzas Armadas, que “entendieron muy bien que la verdadera victoria del soldado y del policía es la paz”.

Asimismo, agradeció a la comunidad internacional, al pueblo noruego y a todos los países que apoyaron el dilatado proceso de paz, entre ellos los garantes (Noruega y Cuba), los acompañantes (Chile y Venezuela), Estados Unidos y la Unión Europea, que nombraron enviados especiales.

“La paz parecía un sueño imposible”, remarcó Santos al inicio de su discurso, “pues muy pocos –casi nadie– recordaban cómo era vivir en un país en paz”. Pero luego de seis años de intensas negociaciones “el pueblo de Colombia está haciendo posible lo imposible”. La guerra ha terminado, declaró con solemnidad.

Hace apenas dos meses llegó el estrecho triunfo del No en el plebiscito que debería haber refrendado el acuerdo original entre el Gobierno y las FARC, recordó el mandatario, un resultado que nadie imaginaba.

Santos recurrió a una de las citas más célebres de Gabriel García Márquez, el único colombiano que había recibido un Nobel hasta este sábado, para explicar el limbo en que cayó el país: “Era como si Dios hubiera resuelto poner a prueba toda capacidad de asombro, y mantuviera a los habitantes de Macondo en un permanente vaivén entre el alborozo y el desencanto, la duda y la revelación, hasta el extremo de que ya nadie podía saber a ciencia cierta dónde estaban los límites de la realidad”.

El Gobierno echó a andar un proceso de diálogo nacional con los del No, los del Sí y los que no votaron, repasó Santos. Apenas cuatro días después del plebiscito se produjo el igualmente sorpresivo anuncio del premio Nobel de Paz, que “llegó como un regalo del cielo”.

Muchos pensaron que Santos ya no ganaría el premio este año, pero el Comité del Nobel “vio las cosas de forma diferente”, dijo minutos antes la vicepresidenta del organismo Berit Reiss-Andersen durante su discurso para presentar al ganador.

“Nuestro punto de vista era que no había tiempo que perder. El proceso de paz estaba en riesgo de colapsarse y necesitaba todo el apoyo internacional que pudiera recibir”, añadió.

“En un momento en que nuestro barco parecía ir a la deriva, el Premio Nobel fue el viento de popa que nos impulsó para llegar a nuestro destino: ¡el puerto de la paz!”, agradeció Santos. El nuevo acuerdo refrendado hace pocos días en el Congreso permite afirmar que termina el conflicto armado más antiguo del hemisferio, aseguró. América, desde Alaska hasta la Patagonia, es una zona de paz.

“El sol de la paz brilla, por fin, en el cielo de Colombia”, concluyó. “¡Que su luz ilumine al mundo entero!”.