guerra-violencia-bombaPor CARLOS LOPEZ DZUR / Poeta y escritor boricua

Es posible una lectura política de los textos que integré a mi libro poético Seth, el Hombre Bestia [Diciembre 2013], de 132 páginas y que es parte de la Serie ‘Los Libros de la Guerra’. El uso de la mitología seth-osiriana tiene el propósito de reforzar mi alegato antibélico y pacifista y denunciar la idiosincracia de los hombres bestializados. Desde los inicios del libro, la guerra se define con rechazo:

… es la jactancia más impía.
Un dolor más injusto que el ultraje.
Ni los golpes de pecho
ni los triunfos llenarán el vacio
de las culpas atroces
y los gestos cobardes.
Y las manos, oficialmente asesinas, declaran …
patria, honor, justicia, libertad,
y es mentir, sí, puerca mentira
de esos jerarcas de pezuña hundida
y gesticulaciones,
miméticos cascabeles y serpientes…
[La guerra, ps.. 12-13]
 
Y persiste el rechazo y condena en el texto ¿Qué es la guerra?:
La guerra es un desperdicio de tiempo.
Una vulgar gesticulación de la obediencia.
Es lo más infame intelectual y materialmente
que sea posible al mundo como acto
antibiológico, contra natura, por su esencia.
Y, emocionalmente dicho, nada es más cruel
que la guerra. Nada más agresivo contra la madre,
la viuda, el niño, un inocente cualquiera…
[frag, op. cit., pág. 61]

La contratapa del libro advierte: «Aquí la intención del poeta es pintar, con pincel de fuego y lengua épica, los cuerpos y rostros de represores, emisarios de crimen y matanza, al mando de los Titiriteros (Richard Perle, uno) y las Erinas (o la violencia que muerde y otras jaurías)».

El hombre-bestia que, siendo tal, hipócritamente, se lo formula en términos de prácticas culturales de guerra y justificación de un «un mal necesario», ¿es necesariamente tal? Comenzaría por decir que yo no creo en religiones (que puedan considerarse tales) que justifiquen soluciones de fuerza. Una secta que propulsa agresión y castigo ya deja de ser religión, o doctrina que incentiva salvación o luz entre grupos humanos. Esta, como institución, ha de ser un clan de cómplices y su meta, el dominio y la manipulación. Pues, sí hubo un día en que el hombre repudió al «perro de la felicidad», y se condenó a sí mismo. Se hizo un lobo para el hombre, enemigo del cordero de paz o del perro domesticado. Y, en consecuencia, comenzaría el afán de exterminar a cualquiera de los dos, perro o cordero, persona o gato.

Pregunto: ¿Cómo se inició el entrenamiento de perros o del lobo-humano para la guerra? De eso es que se trata este primer poemario. De la burla a la santidad benéfica del Cordero de la Paz, o el atropello al símbolo arquetípico de lo felino, al soltarse los perros de la guerra, como las novedades («kriegsnoveliens»), La conducta de algazara. La rivalidad de perros y gatos.

Según trasfondos consultados para el libro que aquí presentamos, el Hombre-Bestia se origina cuando Set, hermano celoso de Osiris-Horus, es descrito, además de como antagonista, como «improductivo habitante del desierto» (Sergio Fuster), marcando el cambio de paradigma cultural desde una edad remota. Set es el imperio maligno del perro, o cuando no, el primer representado con «la cabeza de un animal no identificado parecido a un cánido». A este Set, se asocian un dios del rayo y la tormenta, el Baâl (cananita), el Reshep (fenicio) y el Tesud (hitita).

En cuanto a su asociación con el dios Resef (‘Relámpago’, correspondiente al Reshep de Biblos), el vínculo proviene de los textos judíos, que lo refieren como una personificación de la muerte. Dice el profesor Fuster que «los Targúmenes arameos de las escrituras judías también identifican a Set con Baâl Zefón». Mas lo que, realmente, nos importa es que no fue el Egipto autóctono la nación que enalteciera a Set, el descuartizador de Osiris. El dios Set de Avaris, adorado como patrono benéfico de los pueblos semitas, es una importación.

Con los hicsos, esa visión religiosa setiana invadió el Delta egipcio durante el Segundo Período Intermedio. «El pensamiento religioso de los antiguos egipcios» no necesitaba de tales sincretismos ni influencias, «no tuvieron necesidad de traer cultos extranjeros a su país. Sin embargo, cuando temporalmente se encontraban en Siria o Nubia, parece que eran dados a adorar divinidades extranjeras; incluso las relacionaban con sus dioses nativos». Recomiendo la lectura de Sobre la naturaleza y la iconografía de Set de Avaris, el dios de los Hicsos, escrita por Sergio Fuster:

El Set de los hicsos es parte de un dominio cultural y material / dominio político / sobre Egipto que duró por cerca de cien años. Se inició como una migración paulatina y se transformó con el tiempo en conquista militar del territorio egipcio. La egiptóloga Teresa Bedman habla sobre los hicsos como un pueblo de mayores avances tecnológicos que le dieron la ventaja táctica para su dominio, «a saber: la introducción del arco compuesto, la armadura de escamas de bronce, las dagas y espadas curvas de bronce, la utilización del caballo y los carros de guerra (al final de su reinado)», tecnología desconocida por los egipcios.

El uso intensivo del bronce contribuyó a una ventaja militar decisiva. «La fuerza militar egipcia consistía esencialmente en la infantería, armada con hachas o lanzas y escudos». La casta militar invasora, si bien tuvo la fama de «feroces destructores que reinaron sin Re», en adición a lo militar, representaron un poder económico y Bedman nos pide cautela al juzgar tal influencia: «No deberíamos seguir viendo a los hicsos como un pueblo guerrero y devastador, aunque hubiera castas militares entre ellos. La mayoría eran comerciantes emigrados por el desplome de los mercados tradicionales de Biblos y Megido; su gran expansión territorial, no se debió a una conquista militar, sino a razones comerciales, y su presencia en puntos tan alejados como Cnosos, Bogazkoi, Bagad, Palestina, Gebelein, Kush y Andalucía, se debe a razones comerciales y económicas». [Cf. ver Ponencia presentada durante el VII Congreso Internacional de Egiptólogos, Cambridge, 1995].

Ciertamente, la combinación de tecnología de guerra, comercio y codicia política, es suficiente para explicar la victoria del perro. La victoria del perro es la Victoria de Set. O Seth-el Hombre Bestia. Una mitología entonces nueva se consolidó con la posterior romanización de los pueblos bárbaros, impregnados por la cultura egipcia. Estos pueblos no entendieron necesariamente el corpus religioso y filosófico que arranca de la santidad benéfica de Bastet, pero imitaron lo recibido como inmigrantes en su arte y religión. Y, desde Ramsés III, hay señales sacrílegas y desfiguradoras sobre las doctrinas de Isis y Osiris, gobernante generoso, a quien el pueblo amaba. La reina y esposa de Osiris, que es la diosa Isis.

Advino, por desacralización, un influjo de doctrinas mágicas que son, en rigor, superchería. Se reelaboran mitos y práctica basándose en sellos y amuletos egipcios. Y se glorifica al perro, asociándolo con deidades semitas. Es el caso del Set de Avaris. «En la Enéada heliopolitana, a Set se lo presenta como hermano de Osiris. Sin embargo, en algunas versiones del mito se lo hace hermano de Horus, el aspecto rejuvenecido del sol.

Para las estructuras de pensamiento míticas (y bajo una interpretación psicológica), a menudo encontramos que los hermanos son representaciones de pares de opuestos». Bedman, la egiptóloga, discierne el espíritu correcto de la mística egipcia. Y tiene razón al explicar luego en Los hicsos: una nueva visión (1995) que «desgraciadamente la propaganda oficial posterior (sobre todo a partir de la XVIII dinastía), se encargó de difundir todo lo contrario, reviviendo el viejo mito de Horus y Set, identificándose la propia realeza como el Horus victorioso que había vencido una vez más, a Set». Con ésto se impone una mentalidad pro-belicista, que burla, desfigura, desinforma y sincretiza disparatadamente la santidad benéfica que se encuentra en el Mito del Orden, esto es, de Maat: para la conservación eficaz del orden (Maat): cielo-tierra, Vida-muerte, fertilidad-esterilidad y de Bastet, la diosa gata, que como guerrera representa otra de las caras del Orden cósmico.

Hay tres características en este cambio del paradigma que corresponden a (1) la extranjerización de los mitos, (2) la imposición de un poder económico-militar y (3) la justificación del mal. Una vez el Mito de la Muerte de Osiris está en el centro de gravedad ideológica de los hicsos, se justificará, aún en el terreno económico y político, la usurpación del Orden. Se dirá que es decreto divino adorar al Dios-Perro, al violador del Maat. «Set practica una clase de mal que es necesario para que ocurra la salvación de los hombres. Si Set no hubiese matado a Osiris, este no conocería los secretos de la momificación y la consecuente resurrección para enseñarla a los mortales».

Esto es basura.

El militarismo es la anti-filosofía y la negación religiosa de paz y conciliación. El militarismo, como la guerra ilegítima, es sólo las excusa de los regímenes del perro descuartizador. No se trata de desacreditar metafóricamente al perro porque, como poeta, yo prefiera, personalmente, a los gatos. Ni tampoco malinterpretar o agotar las ambivalencias de Set, como dios mitológico, porque lo mitológico es memoria profunda y arquetipo. Siendo que Set está asociado por pueblos semitas al aspecto del rayo y la tormenta, o divinidades cuya interpretación mientan la lluvia (Baâl, Hadad o Tesud) y un conocimiento que necesitamos, tampoco despreciaré ese contenido. Si recuerdo que el profesor Fuster apunta para que mejor entendamos: «Egipto es la tierra donde nunca llueve. Set, amalgamado con alguna divinidad de las tormentas y el fuego relampagueante (desierto-rojo-fuego-relámpago) en una tierra de escasas precipitaciones, implicaría proponer un cambio en su naturaleza».

Sobre la naturaleza y la iconografía de Set de Avaris, el dios de los Hicsos. explica. «Estos dioses semitas (o indoeuropeos, como es el caso de Tesud, Teshud)», con funcionalidad es comparable a la del Thor germánico, «eran entidades benéficas, causantes de las lluvias, las cosechas y la abundancia, producidas, en algunos casos, por la muerte y la resurrección del dios», agrega. En algunos momentos del sincretismo, el mismo Osiris «(En la versión del mito, que el ataúd de Osiris va a parar a Biblos, funcionalmente asociado con Hadad – Adonis, «aquel que renace del árbol».

Esta lectura apreciativa del mito puede ser bella, no malintencionada, al estilo fraguado por los hicsos.

Para los egipcios, el rojo era el color simbolizaba al desierto ardiente. Lo que es lamentable es que, por influencia de una cultura de guerra, se comience a difundir la idea falseada de los demonios rojos y que, según ya Plutarco y Heródoto explicarán, los egipcios sacrificaran a las personas pelirrojas por ser víctimas de demonios (J. Burton Russell). Esto nos hace acordar de la representación del Diablo medieval en la iconografía cristiana.

Más importante aún que las superestructuras mentales de esa cuasi-protohistoria del mundo que se pierde en los albores de la civilización, tampoco sin querer menospreciar a los hicsos como pobladores del Cercano Oriente y las razones por las que tomaron el control del Bajo Egipto a mediados de siglo XVII a. C., a lo que llamo la atención es al cambio que produjeron en la sociedad concreta. Por falta de documentación disponible sobre la vida espiritual y la Teología, en el sentido estricto en que se discernía en su época, uno puede malinterpretar y equivocarse; pero uno no se equivoca en este punto. La presencia violenta de los hicsos y la cultura de violencia de sus dirigencias.

Flavio Josefo escribió: «Durante el reinado de Tutimeos, por una causa que ignoro, la ira de Dios se abatió sobre nosotros; y de repente, de las regiones del Oriente una oscura raza de invasores se puso en marcha contra nuestro país, seguro de la victoria. Habiendo derrotado a los regidores del país, quemaron despiadadamente nuestras ciudades. Finalmente eligieron como rey a uno de ellos, de nombre Salitis, el cual situó su capital en Menfis, exigiendo tributos al Alto y Bajo Egipto»: Ver, Flavio Josefo: Contra Apión.

La Historia del primer uso de los carros de guerra, el caballo y el bronce, en el mundo egipcio, es trazable. Las tres características precursoras de una época que entrena para la guerra a una de las cunas de la civilización es clara, aún más que remontarnos a las leyendas de las persecuciones perpetradas por el crudelísimo Nimrod. Pero, sea como sea, Nimrod es el mismo símbolo a repudiar: un reino basado en la guerra y el terror. Un Cazador temible no sólo de fieras; es tal exponente de la agresión antihumana y las invasiones que la mitología hebrea necesitó crear a Abraham, como el Salvador o la Semilla para que sucediera.

Con Nimrod y la reina de Nínive, nace una de las primeras ideologías político-culturales para la identidad hebrea, recaudádola de los mitos heroicos semíticos. El niño, cuyo nacimiento hay que impedir, porque los astrólogos predicen su enfrentamiento con Nimrod es Abram. La causa a combatir por Abram / o Abraham / es la idolatría; el infanticidio, la rebelión a Dios. Los musulmanes han de lllamar a Nimrod, «al-Jabbar» (el Tirano). Nimrod es símbolo del invasor, tanto como lo es hicso, como grupo lo fue en Egipto.

He ahí dos símbolos básicos para refeir a los entrenadores de jaurías humanas, a los que David Rohl, autor de Los Cananitas, les llama «Agentes de Satán». O del Adversario. Lo que habría que añadir es que, por la misma ambición territorial y crueldad en el dominio, no se construyen torres (como la Babel) para alcanzar el Cielo en desafío de Dios. Lo que se construye es un aparato militar. No ziggurats en las especulativas sedes de Uruk o Eridu.

El libro de la guerra es de paso una reflexión sobre los conceptos clausewitzianos básicos, como son los que valoran «la guerra… como continuación de la política por otros medios». Clausewitz pensaba que la guerra moderna es un «acto político», con un único elemento racional. En su concepción, los otros dos elementos de la guerra son: el odio, la enemistad y la violencia primitiva, y el juego del azar y las probabilidades.

«El primero de estos tres aspectos -escribió- interesa especialmente al pueblo; el segundo, al comandante en jefe y a su ejército, y el tercero, solamente al gobierno. Las pasiones que deben prender en la guerra tienen que existir ya en los pueblos afectados por ella; el alcance que lograrán el juego del talento y del valor en el dominio de las probabilidades del azar dependerá del carácter del comandante en jefe y del ejército; los objetivos políticos, sin embargo, incumbirán solamente al gobierno».

«En la teoría de Clausewitz, los elementos del odio, el cálculo y la inteligencia (dicho de otro modo, la pasión, el juego y la política) forman una trinidad inseparable. Así pues, Alemania se basó en Clausewitz para unificar la conducción militar y la política durante las dos guerras mundiales del siglo XX. Observada con rigor, su filosofía indica que el cálculo de los militares (la estrategia) y la conducción política tratan de dirigir e instrumentar una tendencia a la violencia y la hostilidad preexistente, sostenía que, aun cuando un conflicto se iniciara sin esa base emocional, su desarrollo necesariamente influiría en este plano…

Clausewitz concebía la guerra como una empresa política de alto vuelo, sin desconocer la sangre y la brutalidad que implica. Por eso, consideraba que todos los recursos de una nación deben ponerse al servicio de la guerra cuando se decide su ejecución. En el año 2004, el gasto militar total en el mundo alcanzó 1 millón de millones de dólares. Hoy debe ser mucho más. añadió Clausewitz que la guerra, una vez iniciada, no debe detenerse hasta desarmar y abatir al enemigo.

Su definición de la guerra es: ‘Constituye un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad’. Pretendidas agendas como las de la Derecha Cristiana, el islamismo extremo y el Sionismo son pretextos y recursos de un proyecto político, no religioso aunque utilicen ese lenguaje. Son los Motivos del Lobo y del Perro Descuatizador. Estos ideologemas perruna animan la Guerra Perpetua y el dominio de las hordas y jaurías del Gran Capital. Es la extensión del mito de Nimrod y la entrega a la posteridad del Set hicso. «Nimrod, the wicked leader of ancient Babylon, united the people in rebellion against God».

¿Quiere realmente Occidente entregar a los pueblos del Oriente Medio un proyecto político de democracia, con respeto a los derechos humanos y vida digna de trabajo y bienestar material para todos? No. Sólo invocan una Babilonia mitológica, o una Gran Ramera entre las Naciones, para uncentivar odio y confusión. O la meta es la promoción de una vida de perros y gatos, lo que si es posible cvon el poder militar, sustituyendo la racionalidad. Y, desviada la razón, fracasa el pretexto.del mundo occidental que alega que civilizará a los incivilizados, o que ha de de libertarlos de la Vieja Babilonia. Con la guerra no se civiliza, se deshumaniza y sólo se cumplen objetivos de saqueo colonial. Así funciona la construcción perpetua de otra Babilonia.

El mito de la superioridad racial del Europa está en el corazón de estas intenciones. Se reclama que «the pure Arab, man and beast, is below the average Europe[an]» y, con respecto al judío, también se lanza la mala voluntad: «Medieval Europe also put Jews on trial for a list of mythic and wholly unsubstantiated crimes – the killing of Christ some 1400 years earlier, poisoning wells, murdering children for their blood, cannibalism (through supposedly crucifying victims and eating them – all of which apparently justified waging genocide against them».

La Edad Media, en rigor, no es el comienzo; pero, en Occidente, como señal sobra y basta: «Hostility to Islam and Muslims has thus been all too common in writings dating back to Medieval times». David Roberts, al dar retratos de viajes a países árabe-islámicos, escribe sobre «espléndidas ciudades reducidas por la mala administración y el barbarismo del credo musulmán a un estado tan salvaje como el de los animales de las que están rodeadas».

En ciertos momentos de la Historia, por la clara comprensión de su política, en pueblos donde ha gravitado su indluencia, Inglaterra es llamada la Babilonia y Venecia del Norte, siendo una de las gestoras de filosofías racistas, anti-semitas y anti-islámicas. Asunto que todavia incide. En poemas de la Tercera Sección, No Ignorar el Enemigo, es importante el análisis de cómo afecta la guerra a as mujeres y la guerra, en sus distintos carices de violencia y manipulación sicológica.

En la segunda sección, Escatologias de la guerra, contrario a la primera donde se estudió poéticamente el origen de la guerra y lo trajo el hicso, cuando lleva al Bajo Egipto carros de guerras, caballos y escudos con láminas de bronce, la tecnología de la matanza y la conquista como elementos de la anti-filosofía de lo perruno, ahora el tema es cómo librarse del saqueo y las jaurías que se han soltado. En esta sección, se cuantifica. Se denuncia a los nuevos líderes del bestialismo. Como el Nimrod de antaño, entre 1880 y 1910, «los europeos se apropiaron de más tierras de las que habían reunido en un siglo: sumaron cerca de 20 millones de km2, lo que los hizo dueños de un 85% de la superficie terrestre de todo el planeta… Todos los países europeos, salvo Suiza, eran dueños de alguna tajadita», informa Ignacio Muñoz Delaunoy en una monografía.

Y claro está, Inglaterra es uno de Los Perros Mayores: «La principal potencia colonialista, sin duda, era Gran Bretaña. El puro imperio británico poseía una cuarta parte de la tierra (casi 32 millones de km2, si sumamos los territorios coloniales y la Commonwealth) y una cuarta parte de la población de todo el mundo. Este imperio tenía su guinda: era la India».

Lo que hoy se llama terrorismo (con el intento de adjudicarlo, en términos generales, al mundo árabe y del Asia mongólica) fue la práctica formulada y continuada de las grandes potencias imperialistas. Lo podemos hallar entre los ingleses jingoístas. «El Jingoísmo era un movimiento nacionalista y racista británico que consideraba necesario al Imperio», siendo la «mejor raza del mundo», el deber de dominar a los pueblos inferiores. Los cantores de los perros de la guerra y el darwinismo social se dieron a ésto. Tal vez el mejor representante de esta corriente fue el escritor británico Ruyard Kipling que habla de «el deber del hombre blanco».

Si Inglaterra fue la mayor de las potencias imperialistas, Francia no le iba muy atrás, El análisis que realiza Manuel González Evangelista en su monografía El imperio colonial británico, nos recuerda que el sistema de administración colonial más utilizado por todos los países europeos fue el francés. Gran Bretaña lo adoptó, con la diferencia de que «no pretendió nunca una absorción por la metrópoli ni su asimilación cultural». El modelo colonial francés, por su parte, contenía su dosis de jacobinismo de tradición, mas una economía de antiguo régimen. En este modelo, la paz la define el militar. No hay conciliación posible ni compromiso entre modernidad y dominación.

Mas el trato colonial fue el mismo: salvaje. Ya que los colonizadores son representantes humanos del Perro Descuartizador, de una edad que rebaja, como decía Franz Fanon, «la condición humana a la ambición y al racismo». Y el hecho es que todos estos países, lastimados y subyugados por siglos por extranjeros, siguen siendo los objetivos de la hostilidad persecutoria. Para ellos, no se asigna posteridad. Y, para dar más reciente ejemplo, llego a la temática del saqueo imperialista de Iraq. Advierto que hoy se quiere respaldar el mundo de las potencias europeas, e interventoras, con desprecio por el mundo árabe, pero en un vacío de historia y de precedentes de esa lucha que se inicia, desde la caída del Imperio Otomano a inicios del siglo XX y por causa de la codicia de las potencias imperialistas para dominar las vastas reservas de petróleo de Medio Oriente y por controlar a Iraq.

La portada que semi-oculta a George W. Bush, no hace lo mismo con la política de Washington (que siempre alentó a Saddam Hussein a que «atacara a Irán, bajo el pretexto de recuperar el canal de Shatt al-Arab)» . Lo mismo hay que decir del gobierno de Londres, otro cómplice que ventila los intereses de lucro entre esa jauría neo-imperialista e incentiva luchas entre perros y gatos. Bush, padre, fue quien puso a Iraq contra Irán, e Irán contra Iraq, provocando un gran derramamiento de sangre en la Guerra de Irán-Irak, 1980-1988. G. W. Bush, padre, y el gobierno de Bush-Cheney, con el uso político de la familia Bin Laden y del Osama Bin Laden, complotaron los medios para callar sus actividades criminales. A Osama se le reclutará por la CIA, aunque más tarde haya que demonizarlo como a Saddam.

Fue Sherman H. Skolnick quien alertó sobre la gravedad de los archivos sustraídos, en los que George W. Bush compartió con Tony Blair. A los sionistas habrá que dar una tajada porque «la agencia de inteligencia israelita, El Mossad, estaba chantajeando a Bush permitiendo que se sepa que El Mossad entregó advertencias específicas de antemano a la Casa Blanca, a la CIA norteamericano y al Departamento de Justicia sobre los eventos del negro martes 11 de septiembre del 2001.

A mi juicio, los poemas sobre el 9/11 son los más interesantes del libro. De hecho, son e4l evento que motivó a escribirlo. Dejo a los críticos literarios aquilatar los méritos estéticos de este libro; pero, me siento incitado a dar el marco ideológico en el que doy mi alegato por el pacifismo como alta prioridad n un mundo donde hay 20 guerras en desarrollo, 22 países en conflicto (y/o 148 disputas de variable intensidad) que no se discuten en la prensa con preeminencia. UNICEF informa que, por efectos de las guerras, en cerca 300.000 se calcula el número de niños, forzados a reclutarse como soldados en tales guerras, y 4 millones de muertos han dejado estos conflictos, guerras organizadas para la explotación de los recursos naturales por potencias extranjeras.

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